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Migración: los que se van y los que se quedan

hace 3 días
4 min de lectura

La semana pasada fui a ver el cortometraje titulado Ausencia, de Luis Argueta. Contiene entrevistas con varias chicas y un chico, hijos de padres que emigraron en busca de mejores oportunidades. El énfasis está en cómo los que se quedan gestionan la ausencia del que se fue, tanto en lo emocional como en lo material.


Lo emocional lo resume la primera chica entrevistada. Dice que la ausencia de su padre le causa una imagen oscura con olor a tristeza. Los demás entrevistados refuerzan esta respuesta con diferentes palabras y niveles de elocuencia.


En lo material, muchas de las familias de los que se quedan dicen que el familiar que migró no se habría ido si hubiera tenido oportunidades de empleo o de montar un negocio. Además, les cae la carga de pagarle al coyote. Las cifras varían y pueden llegar hasta los Q50,000 o incluso más. Con frecuencia, el trato es que el migrante enviará suficientes remesas para pagar esta deuda, además de contribuir al sostenimiento de su familia.


Esto se vuelve un problema cuando el migrante deja de mandar lo suficiente. Las familias se ven atormentadas por los cobros y tienen que ver de dónde sacan el dinero para pagar. La situación se vuelve extrema cuando algún familiar toma cartas en el asunto y se deshace del coyote, a veces por medio del asesinato; se dice que hace algunos años hubo épocas en las que en Huehuetenango aparecía un coyote muerto casi a diario.


Durante el periodo de discusión después de la película, se dijo que las remesas se normalizaron. Le convienen a todo el mundo: al gobierno, a la banca, a los familiares del migrante, a la economía local y a la economía nacional. Esto conduce a que se minimicen sus perjuicios y hasta se consideren una buena cosa.


Las razones para migrar son muchas, desde la necesidad extrema hasta el atractivo de conocer un país diferente. No se pretende satanizar la migración, pero sí ver si se pueden paliar sus efectos negativos. Nada se puede hacer contra la tristeza por la ausencia de un padre ni se puede obligar al migrante a cumplir sus compromisos con el coyote. Sin embargo, se han conocido iniciativas que vale la pena mencionar.Ausencia imagen.jpg


Hace unos años se habló del Banco del Migrante. No se supo más del asunto, excepto que algunos migrantes estaban considerando organizarlo. Si prosperara esta iniciativa, sus efectos serían interesantes: se internalizarían los réditos del manejo de las remesas, tanto en las transacciones como en las inversiones; se posibilitaría abrir una cartera de crédito para pequeños y microempresarios rurales, para que quienes califiquen puedan financiar sus emprendimientos.


Hay migrantes que no solo lograron sobresalir en lo económico, sino que también adquirieron conocimientos financieros. Por los múltiples obstáculos que implicaría crear un banco, se podría comenzar con una financiera y hasta con una cooperativa o asociación. Lo importante sería dar el primer paso.


La otra iniciativa que vale la pena mencionar es la presentada en el artículo titulado «Pobres porque quieren», de esta misma serie. Se calculó que harían falta 400,000 hectáreas adicionales dedicadas a la producción de alimentos para producir la canasta básica de todos los guatemaltecos. Facilitar a los habitantes rurales el acceso a esta tierra desincentivaría la migración de quienes ahora migran por pobreza extrema.


Según un estudio de la CEPAL, Guatemala tenía una oferta de tierras en venta de 156,105 hectáreas en 2000. El precio promedio era de Q16,421.00 por hectárea, por lo que comprar las 400,000 hectáreas requeriría una inversión de Q6,568.4 millones; habría que actualizar esta oferta y este precio, por lo que estas cifras solo pueden tomarse como indicativas.


Es probable que las 243,895 hectáreas que harían falta para completar las 400,000 estén disponibles. «El líder de la CONGECOOP […] cuenta con un informe del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA), que incluye un mapeo mediante el cual se confirmó que existen 18 mil kilómetros cuadrados (1,800,000 hectáreas) de tierras ociosas, diseminadas en varios puntos del país […] Citó como ejemplo la Franja Transversal del Norte, Petén, parte de la costa sur y el occidente del país». La oferta identificada de 156,105 hectáreas del informe de la CEPAL puede tomarse como un límite inferior y, como límite superior, las 1,800,000 hectáreas mencionadas por CONGECOOP. Las 400,000 hectáreas requeridas para suministrar la canasta mínima a toda la población caerían dentro de este rango. Facilitárselas a los campesinos sin tierra reduciría la necesidad de migrar por extrema pobreza.


Sería indispensable que estas 400,000 hectáreas provinieran de tierras agrícolas que no están siendo utilizadas. De acuerdo con la teoría monetaria moderna, el gobierno puede imprimir dinero, en este caso, emitir deuda interna en forma de bonos, para financiar su compra sin generar inflación, bajo el supuesto de que la tierra será utilizada de manera productiva. Emitir bonos implicaría la aprobación de la Junta Monetaria, el Banco de Guatemala y el Congreso de la República.


La migración tiene efectos negativos sobre las familias que se quedan. Puede considerársele un mal necesario, pero no debe normalizarse, sobre todo cuando es forzada. Los microempresarios rurales deben tener acceso a financiamiento apropiado, y qué mejor que un Banco del Migrante para comprender sus necesidades y evitar las desviaciones de fondos. La dotación de tierras a campesinos desposeídos evitará que quienes no las tengan se vean forzados a migrar. Esta es una responsabilidad del gobierno que puede cumplirse sin necesidad de préstamos ni de generar inflación. Como en muchos otros casos, propuestas sobran; lo que falta es voluntad política.

Dos de las chicas entrevistadas en el cortometraje Ausencia
Dos de las chicas entrevistadas en el cortometraje Ausencia

 
 
 

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